Francisruiz's Blog
Zarandajas

Mar
17

Por aquellas noches de playa. Por estas de ti. Por un abrazo al día, por la sombra de tus pestañas, por los verbos descontrolados. Por tu pelo rojo. Por tomarme el pulso en la oscuridad. Por los te quiero.

Por aguantar mis guindillas, la pimienta y todo lo que hace picarte.

Por los sueños sin rodeos. Por las noches francesas incumplidas. Por jugar conmigo a ser feliz. Por las cenizas, el humo y la sed incontrolada. Por hacerme elegir susto. Por bailar desnuda de mentiras. Por bajarme los pantalones en mi desesperanza.

Por los pies fríos, manos recias y corazón limpio. Por nacer cada día. Por enterrar los pecados de un diablo marchito. Por una taza rota en el recuerdo.

Por guardar en tu pecho mi señal de prohibido. Por las horas de carretera. Por el horóscopo que nunca hemos leído.

Por cantar ópera en la noche de las luces. Por el mismo mejor atardecer de la historia de Tarifa. Por taparme la boca cuando la serpiente me ataca.

Por lo que ha pasado. Por lo que pasa. Por lo que pasará.

Lee el resto de esta entrada »

Anuncios
Mar
18

Eres capaz de enterrar mis decrépitos ojos cargados de deseo bajo tus pies. Podrías humedecer cada trozo de mí con sólo mirar una pestaña. Dormiría desnudo cada noche si cedieras tus pechos a mis manos.

Vendería mi alma a cualquier dios que me prometiera tus manos. Guardaría en un cajón los miedos que las sábanas me enseñaron. Vagaré sobre las cantinas que la noche quiso regalarme.

Y cantaré. Cantaremos. Y soñaré

 

Y ahora que lo sentidos sienten sin miedos

 

Ene
03

Y despertar en los años 20 con tu olor pegado a mi espalda. Y soñar que la batería del senil coche se agota como cuando tú agotas mis caderas. Y ver pasar la guardia mientras derramas las copas de ginebra que quebraron tus escrúpulos.

Sentir un jueves noche en los altares de la semana. Descodificar una canción de Sabina sobre el humo de un cigarrillo mojado. Cubrir los deseos de cama con latas oxidadas de capricho.

Averiar carnavales mientras tu sueño desliza por la carretera.  Esperar eternamente las doce de todas las noches. Intuir las campanas del amanecer repicando bajo cero.

Y así se construye sin querer una montaña de silencios y de risas, de ventanas sin cristales, de miedos sin despedidas, de dieguitos y mafaldas…

May
31

Se acabaron los besos vacíos. Se terminó el silencio disfrazado de vaso de tubo. Conjugamos el verbo follar en pasado y follamos en el futuro de mis ansias.

Mientras cae el desliz de la luna sobre tus pechos, aprovecho para mirarte por debajo del ombligo. Entretanto, tu mano se va deslizando sin cuidado por encima de mi orgullo hasta que mi recato comenzaba a crecer a la vez que el deseo se mojaba de la saliva de tus caprichos.

El olvido cogió el ascensor hasta la quinta planta de la agonía, allí donde los mordiscos de fresa sabían a tus orejas. Cuando las cuatro piernas ya no se distinguían fue el momento de encubrir los gritos con miradas de lunes por la mañana. Y se escuchaba a Sabina alentar que cada vez que mi ceguera entrara por tus piernas, una cenicienta encontrara su zapato perdido en el horizonte de tus pezones.

Y mientras tú intentabas abrazarme, cogí mis zapatos, abrí la puerta y pude ver como aún nada de lo que yo quería cambiar podía seguir más estático. Era el sueño de un viejo poeta que cada noche que tú lo podías sentir dentro, él podía notar como jamás había estado allí…

 

Abr
23

Las cadenas son papel de fumar y el horizonte tu sombra. Todo lo que hay detrás de ese muro están delante de mis ojos. Las horas de retraso son el alimento del deseo. Veintidós días son otras tantas razones.

Mi memoria es tu secreto. Los extraños son nuestros cómplices, las mentiras mis razones. El café se transforma en sedante y la ironía es nuestra arma de destrucción. Me olvido de las huellas para imaginar cada curva…

Y ahora las sonrisas son opulencia, las tabernas son “buenas noches” y los libros… los libros siempre fueron ventanas abiertas…

 

 

 

Abr
18

He olvidado tus besos. Y tus abrazos. Y tus “te necesito”. Ahora colean entre la mierda de las orillas. Esas miradas que me lanzabas con pólvora mojada, duermen entre sollozos de tus silencios.

Y parecía que nunca iba a volver a ocurrir. Parecía que las persianas iban a permanecer eternamente bajadas.  Y es que los gatos tenemos siempre una pata con la que limpiarnos la boca. Esa boca que pareció tuya. Esa boca que nunca fue de nadie.

La tormenta llamó a la calma. La calma hizo de chantajista. Y el chantaje disfrazó la salida de los besos. Y vuelo…

Mi cama está como siempre, de nuevo vacía. El asfalto ya no se moja con tus bragas. La inocencia de las noches es la cocaína de mis mañanas.

El primer bocado era la alfombra que necesitaban mis deseos. El último fue la sonrisa tus pechos. Y mañana volveré a despertar sin almohada. Con el recuerdo de esos polvos recostados en la mediocridad. Mañana despertaré con la acidez del que nunca quiso que el Sol fuese una explosión sin más…

 

Mar
22

Sed de miradas sin recargo

Toallas manchadas de tres besos

Suaves letras de Machado

Mentiras repletas de verdad

Mustio violín enlatado

Cigarrillos consumidos

Tejados violados por los gatos

Arbustos borrachos de mí

Pequeñas orlas con penacho

Corazones rotos de sed

Aflicción de un polvo de antaño

Madrugadas sin ti

Mar
18

Sacaste del desván más escondido la vieja guitarra que tiempo atrás había compuesto las mejores de las melodías. Le pusiste barniz, la encordaste y te preocupaste para que tuviera la afinación más suculenta.

Todo esto para después romperla contra el suelo.

No es más que una vieja guitarra…

Mar
17

Aprendiendo a desaprenderte

 

Mar
13

En el oráculo de tus pechos encontré el porqué de los silencios. El otoño era cálido y tus manos frías como siempre. La verdad del poeta se había convertido en un sinfín de alucinaciones escabrosas y tristes.

Los árboles no florecían, los lobos no aullaban, las sirenas ya no componían melodías en alta mar. Las farolas se apagaban al atardecer, los soñadores velaban las noches, las princesas dejaron de besar.

El suave resonar de las olas llamaba al más escondido de mis lamentos. La serenidad del viento raspaba como cuchillas en la penumbra. Y ya no habíamos nacido para lanzar botellas al vacío. En ese momento no había sistemas para medir la lujuria.

Los amores fingían, los caramelos salaban, las brujas desaprendieron a volar. Los zapatos menguaban, las risas lloraban, los susurros sonaban a tormenta…